1- Causas de esta denominación

Los hermanos belgas Henri y Louis Siret, ingenieros de minas afincados en Almería, excavaron numerosos yacimientos prehistóricos, cuya publicación resultó decisiva para la investigación y difusión internacional de la prehistoria del sureste. De hecho, el impacto de sus descubrimientos sobre la Edad del Bronce en el yacimiento de El Argar (Antas, Almería) dio nombre a una sociedad y forma de vida especifica desarrollada en este territorio a lo largo del II milenio A. C.

Enrique y Luis Siret publican el resultado de sus primeras excavaciones en 1887 en Amberes bajo el título 'Les premiers âges du métal dans le Sud-Est de l'Espagne' en dos volúmenes, uno de texto y otro de láminas in folio, en las que Luis Siret ha dibujado con gran habilidad unos ocho mil objetos y los planos y vistas de los yacimientos excavados. Ese mismo año la obra recibe el premio Martorell, una medalla de oro en la exposición universal de Toulouse y al año siguiente otra medalla de oro en la de Barcelona. En 1890 ve la luz en Barcelona una versión en castellano: 'Las primeras edades del metal en el Sudeste de España'.

Estos hallazgos inauditos representaron un gran paso en el estudio de la prehistoria del sureste de la Península Ibérica. Después del regreso definitivo de Enrique a Bélgica, en 1886, Luis Siret prosiguió sus excavaciones en solitario con su capataz Pedro Flores durante el resto de su vida, afición que compartía con la dirección de la Sociedad Minera de Almagrera que fundó en 1900. Unas muestras fueron expuestas en la Exposition Universelle de Paris de 1889 y en la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y la espléndida colección Siret se expone actualmente en el Museo de Almería, en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid y en importantes colecciones en otros museos del mundo (Bruselas, Londres, Berlín, etc.).

 Actualmente sus restos reposan junto a su esposa Magdalena en la localidad murciana de Águilas.

 

2- Ámbito geográfico y temporal

La cultura argárica es una manifestación y expresión de los poblados del Sudeste Peninsular en la Edad del Bronce, que formaron una de las sociedades de mayor relevancia en la Europa del II milenio a. C. y de las mejor estudiadas gracias al excelente estado de conservación de los restos arqueológicos.

La Cultura del Argar tiene intensos contactos, hacia el Guadiana, con otras vecinas y coetáneas como la Cultura del Bronce Manchego, en Albacete y Ciudad Real.

Los asentamientos de esta cultura suelen ser numerosos y, aunque dispersos y extensivos dentro de un territorio, mantienen relaciones entre sí creando agrupaciones de asentamientos.

 Las penetraciones a través del Pirineo de otras culturas es constante y durará centenares de años. El impacto de estas migraciones es mayor en el interior y norte de la península que todavía no tiene el desarrollo de la zona meridional. Los nuevos pobladores son diestros en la explotación y fabricación de instrumentos de hierro. Las oleadas de inmigrantes se acercan por dos puntos: por las actuales Navarra y País Vasco por un lado, y por la zona oriental hasta Cataluña por otro. Traen mejores técnicas agrícolas y ocupan los espacios de la Meseta que son los que menos población tienen en esos momentos. Explotaron los yacimientos de hierro del norte de España, y aplicaron la cultura cerealista y una ganadería extensiva.

 

3- Características culturales

La presencia de esta cultura fue comprobada por primera vez en el poblado almeriense de El Argar, que le da nombre, y se caracteriza por el uso de la práctica de inhumaciones individuales, en cistas primero, y en grandes vasos o pithoi después. Este aspecto es un claro indicio del cambio en las ideas y en la estructura social respecto a épocas anteriores.

También se observa un mayor individualismo en la sociedad fruto de una mayor especialización de las actividades económicas. La metalurgia es ya bastante avanzada, se estandariza la producción de cerámica y las nuevas necesidades que surgen en una sociedad más avanzada provocan la aparición de un comercio mejor organizado. Aparece el poder político superior a los clanes y familias, y cambia de manera brusca la organización social. Aquí se fija la aparición de una vida urbana en un sentido más próximo a nuestros días.

Algunos individuos adquieren un gran nivel de riqueza que se traduce en ajuares funerarios de alto valor en los que no faltan armas suntuarias ni joyas valiosas. Se dan, en suma, características propias de sociedades urbanas. El hábitat argárico supone, por tanto, el abandono de un tipo de urbanismo primitivo que venía caracterizado por la distribución dispersa y aislada de las viviendas. En los "cabezos" argáricos podemos apreciar la existencia de casas compuestas de varios recintos de muros rectos y de forma irregular que se agrupan en núcleos compactos, distribuidos en relación con espacios libres y tortuosos, que podemos interpretar como calles, y que se adaptan a la configuración del terreno mediante la construcción de terrazas escalonadas contenidas por grandes muros longitudinales. El espacio habitable aparece delimitado por paredes medianeras perpendiculares al muro. En la cima se halla el núcleo del poblado que hace las veces de fortificación.

La situación de los poblados no suele estar lejos de una fuente de agua potable, ni de los yacimientos de cobre y plata. Los grandes poblados se suelen situar a la salida de un valle, en una meseta o en una pendiente bien resguardada. A un poblado tipo ciudad solían corresponder otros más pequeños a modo de puestos avanzados que, por regla general, tenían un camino directo y una situación de visibilidad que los ponía en contacto con el poblado original.

 

4- El Argar en el contexto de las primeras civilizaciones desarrolladas

 

5- Curiosidades

En este apartado nos haremos eco de algunas teorías que no están plenamente aceptadas por la comunidad científica, pero que tienen bastantes seguidores. Con las debidas reservas, a nosotros nos resultan interesantes.

 

5.1- Disco de Festos

El disco de Festos es una pieza de arcilla circular en la que aparecen grabados por las dos caras 242 signos jeroglíficos o ideogramas en relieve, seguramente con la intención de servir como “tampón” en lo que se podría calificar como el antecedente de la imprenta. Este disco apareció en las ruinas del palacio minoico de Festos, en la isla de Creta, sin que se puede datar con seguridad por el incierto contexto arqueológico en el que se encontró, aunque no debe de estar muy lejos de mediados del segundo milenio a. de C.

Los expertos coinciden en la singularidad de la escritura de este disco ajena a las de la isla de Creta y de las conocidas en todo el medio oriente constituyendo “un caso único” y que “nada demuestra que su origen sea cretense”, en palabras de Jean-Pierre Olivier (Las civilizaciones Egeas, del neolítico y de la edad del bronce. Editorial Labor-1992).

La aparición de este disco perteneciente al mundo argárico-tartésico en una zona como la isla de Creta, y en una época como es mediados del segundo milenio a. de C. (entorno al 1.500 a.de C.), no es extraño si tenemos en cuenta los múltiples intercambios comerciales entre la península y el mediterráneo oriental, como nos dice F. Jordá en el primer volumen de ‘La Historia del Arte Hispánico – La Antiguedad- de la Editorial Alhambra’, Madrid-1978, “dentro ya del segundo milenio a. de C las influencias y contactos con los pueblos del mediterráneo oriental se hacen cada vez más patentes y más intensos. Las necesidades de metal (cobre, estaño, plata) de las “grandes potencias” orientales (hititas, sirios, micénicos y egipcios) hace que esos contactos sean cada vez más estrechos, lo que determina la inclusión de nuestra península dentro del área comercial del mundo mediterráneo”.

Para los estudiosos del neolítico y el bronce de la península ibérica deberían llamar la atención algunos de los ideogramas que aparecen en el disco, pero este no ha sido el caso y salvo el notario -metido a investigador- D. Blas Infante ninguno hace referencia al posible origen andaluz peninsular de este disco.

Blas Infante, en su libro ‘El Ideal Andaluz’, hace una clara referencia al tema al asegurar que “en el disco de Festos…. se encuentran los caracteres neolíticos andaluces, reproducidos exactamente, formando en la inscripción con otros representativos”.

 

5.2- Relieves egipcios

Llama mucho la atención dos ideogramas que podemos establecer como propios de la Cultura del Argar: La flor de ocho pétalos, bastante común en cerámica y orfebrería, y aún más el del guerrero con un penacho de plumas en la cabeza, propio de los guerreros argáricos que navegaban por el Mediterráneo y aparecen representados en una estela egipcia de tiempos de Ramsés III (1.184-1.153 a. de C.), en el complejo  de Medinet Habu donde se representa la batalla.


“Relieve de Medinet Habu- Ramsés III (1.184-1.153 a. C.)

 

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