1- Introducción

La Edad de los Metales comienza en la segunda mitad del 3er milenio, con el conocimiento del cobre, y posteriormente del bronce, que se utilizan para hacer útiles de trabajo, armas y adornos.

En la Península Ibérica se distinguen tres periodos: Bronce I y Edad del Cobre, hacia el 2500; Bronce II, hacia el 2000 y Bronce III, hacia el año 1000.

El descubrimiento de la fundición de los metales crea nuevas relaciones sociales y nuevas culturas, radicalmente diferentes a las anteriores. La sociedad se jerarquiza internamente, y entre poblados se establecen relaciones de dependencia y sumisión. Es fundamental el control de las regiones mineras. El cobre no es un material ubicuo y su posesión da poder ante los demás. La lucha por controlar el territorio minero favorece la aparición de la agresividad y la guerra, pero también del comercio a larga distancia.

También, es la época de la mejor industria lítica,(piedra trabajada) que se resiste a desaparecer.

 

2- La transición. Edad del Cobre

La utilización del cobre da nombre a la primera fase de la llamada Edad de los Metales: el Calcolítico o la Edad del Cobre.

 Entre los años 2.500 y el 1.800 a. C. surge en la zona murciana y almeriense la Cultura de los Millares, nombre del principal yacimiento. Pertenecía a una sociedad densamente poblada, con una agricultura de regadío más desarrollada. En los poblados se pueden observar murallas y otras obras de fortificación.

 Otra gran manifestación cultural, en este periodo, es la Cultura del vaso campaniforme, desarrollada entre el 2.200 y el 1.700 a. C., cuya principal característica es su distribución por toda Europa. Hay una gran presencia de cuencos y vasijas cerámicas con la forma de campana invertida y una serie de objetos de ajuar de cobre en tumbas que evidencian la existencia de élites sociales diferenciadas por su nivel de riquezas.

 

3- La evolución de las primeras sociedades organizadas y complejas en el Sudeste Peninsular. Primeros contactos con los pueblos mediterráneos

 Durante mucho tiempo se creyó que poco antes de la mitad del III milenio a C., a la vez que cobraba cuerpo la cultura del vaso campaniforme, tenía lugar en el sureste peninsular un nuevo impacto colonizador de gentes procedentes del ámbito greco-micénico que seguían los pasos de navegantes más antiguos, instalándose en los importantes focos mineros de Almería y sus zonas limítrofes. En la actualidad se ha verificado que la Cultura  de los Millares (Edad del Cobre del Sudeste) se corresponde con una evolución autóctona de las poblaciones indígenas , por lo que se descarta esta colonización, aún siendo patentes los  contactos con el Mediterráneo Oriental, que se materializan en aspectos que aparecen totalmente nuevos en esta cultura.

 Un papel decisivo fue el desempeñado por la Civilización Cretense. Situada en el centro del Mar Mediterráneo recoge  y difunde las corrientes culturales procedentes de Asia África y Europa. La navegación suponía un enorme ahorro de tiempo a la hora de recorrer distancias,  por ello  el Mediterráneo seria el vehículo conductor por excelencia entre unas civilizaciones y otras.


Intercambios comerciales y culturales principales en el Mar Mediterráneo (2.000 – 1.000 a. de C.)

 

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